Maternidad vs Depresión

Lic. Mariana Fernández

Psicóloga
2017-03-11

La mayoría de las personas tienden a tener altas expectativas sobre la maternidad.

Se tiene un prejuicio acerca de cómo actuará la madre y que deberá sentir respecto a su hijo/a y esta nueva situación que enfrenta. Inclusive la asociación mujer-madre difícilmente se ve diferenciada, aún en esta sociedad contemporánea donde la mujer ah adquirido nuevos lugares y posiciones, se espera que aparezca ese deseo de ser madre y esa capacidad “nata” a hacer frente al cuidado del bebe de manera fácil y satisfactoria, por lo tanto si no es así, y comienza a serle difícil esta nueva vida puede generarle culpa y tristeza aún sin que estén conscientes de que sea lo que lo provoca.

Desde aquí comenzamos con dificultades, y si agregamos la comparación con otros seres vivos, nos damos cuenta que nuestra entrada al mundo (nacimiento) es más frágil que la de cualquier otro, y la dependencia a ese ser que nos proporciona cuidados, en este caso la madre, es mayor. Si este conocimiento lo tienen la mayoría de las personas; la mujer al estrenarse como madre tiende a hacerse hiper-consciente de ello.

Tomemos aquí entonces un ejemplo bastante ilustrativo para describir el proceso del devenir “madre”, si en el embarazo se transita entre la pérdida del cuerpo conocido ese que nunca antes estuvo habitado de esa manera y el hallazgo por ese otro cuerpo y ese otro ser que se fábrica en él, el parto viene a marcar el final del embarazo, momento en que todos prestan especial atención.

Para lo psíquico el parto es la frontera, ya que para lo psíquico es un tiempo de transición, y la mujer en el parto quiere aprender una lengua extranjera, y se traslada al país donde esa lengua se habla. Cuando llega encuentra gente acogedora pero que sólo conoce su lengua y saben también que el interés de la extranjera consiste en dejar de serlo, por eso no se esfuerzan en comunicarse con ella. La nueva lengua es difícil y colocar en ella las vivencias es complicado por lo tanto lo que percibe lo reproduce a veces torpemente. La extranjera entonces, esa que acaba de dar a luz no sabe por donde se anda, pregunta y busca aprender lo nuevo en lo que ya se sabe, en la madre y la propia vivencia de la maternidad de su madre.

Así podemos ver que la maternidad no es sólo festejos y alegría, también trae consigo una serie de confusiones y angustias que si bien son “comunes” y pasajeras, tampoco pueden dejarse de lado ya que pudieran quedarse más tiempo y hacerse más intensas llegando a algo ya patológico. Las llamadas depresiones postparto ilustran esa dificultad femenina frente a la pérdida, esa pérdida de sí misma como cosa privilegiada, ya no es la hija de la madre solamente y ello trae un duelo, entra ahora en ese terreno desconocido y se coloca en lo que probablemente ya cuestiono.

Este duelo, que puede ir desde los llamados comúnmente “baby blue” que casi toda madre vive (un 50% aprox), hasta la depresión postparto que se diferencia por la intensidad y duración, ambos generalmente se viven como algo incomprensible con una sensación de apatía, tristeza, incluso rechazo, y con ello la culpa por sentir todo eso ya que si en la sociedad se remarca que el nacimiento de un hijo debería ser el momento más feliz de la vida, para la madre no hay justificación racional alguna, “-si todo está bien, tengo todo, un hijo hermoso, un marido comprensivo, una madre que me apoya, porque estoy triste”.

No olvidemos que ser madre, es una ganancia y una pérdida a la vez, ya que ese nuevo bebe, es el ser más desamparado y desvalido, por lo tanto más necesitado de una madre que aprende en la marcha, que pierde la vida que antes conocía para formular una nueva, es entonces comprensible que el tener un hijo se viva un momento crucial no solo de alegrías, si no de cuestionamientos y miedos.

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